La mañana transcurrió con un humor de los mil demonios. Mis hombres, que ya se habían acostumbrado a verme sonreír —pues poco a poco estaba dejando atrás al temible Alfa Oscuro para convertirme en alguien con más calidez—, ahora estaban sorprendidos con esta repentina actitud.
—Si están así de distraídos, ¿cómo no quieren que los sorprendan con una emboscada? —gruñí a una de las patrullas que vigilaba la entrada norte de la manada de las Sombras.
Los guerreros agacharon la cabeza sin saber qué