Me quedé ahí, sin decir nada, congelada como una tonta, mirándolo hipnotizada.
Ese hombre despertaba tantas sensaciones en mí que me era imposible siquiera pensar con claridad.
Pero… ¿cómo decírselo?
¿Cómo aceptar frente a él lo que verdaderamente me estaba pasando por dentro?
—Madeleine —me llamó, con esa voz grave que siempre lograba sacudirme el alma—.
Contéstame… no tengas miedo de decir lo que pasa por tu cabeza.
Respiré hondo.
Sentía que el corazón me latía tan fuerte que temía que pudier