Dante salió de la sala del Consejo como alma que llevaba el diablo. La furia era evidente en sus ojos, y arremetió contra todo aquel que se atreviera a cruzarse en su camino. Necesitaba deshacerse de los obstáculos que representaban los ancianos del Consejo, pero lo haría con paciencia. Irían cayendo uno por uno. Aquella operación debía ser silenciosa, limpia, pero eso no le impediría disfrutarla. Odiaba las imposiciones, y ahora lo estaban empujando más allá de sus límites, obligándolo a tomar