Era muy temprano cuando bajé a los jardines. El aire todavía tenía ese frío ligero que anticipa un día cálido, y el cielo comenzaba a teñirse de un azul claro. Vi a Madeleine junto a Dorian, justo donde lo había planeado.
Llevaban una hora entrenando. Él le pedía que cerrara los ojos, que se concentrara en el flujo de energía que recorría su cuerpo cuando pensaba en proteger a alguien o sanar una herida. Madeleine fruncía el ceño con fuerza, los labios apretados, los dedos extendidos como si in