El claro del bosque era ahora un campo arrasado. Árboles arrancados de raíz, tierra abierta como si la misma naturaleza huyera del choque de dos fuerzas colosales. Zarek y yo seguíamos combatiendo, las garras deslizándose como cuchillas de obsidiana, los rugidos reverberando entre las montañas.
Cada golpe que daba estaba alimentado por el recuerdo de Madeleine… por lo que podía perder si caía ahí, esa noche. Eso me mantenía en pie. Eso y la rabia que se había gestado durante años, desde la trai