Isla permaneció sola en su coche mucho después de salir del edificio, con el motor en marcha pero las manos congeladas en el volante. Las palabras de Emilia no dejaban de dar vueltas en su cabeza como una maldición que no podía silenciar. «Valeria está embarazada de Leonardo». Cada vez que volvía a oír la frase, se le clavaba más hondo, retorciendo algo en su interior.
Volvió a coger el teléfono.
Consíganme con la misma gente. Los que no hacen preguntas. No quiero ruido. No quiero atención. Sol