La mansión estaba inusualmente silenciosa.
Demasiado silenciosa.
Mateo estaba en su estudio, con ojeras por el insomnio, mirando el mismo documento durante la última hora sin leer ni una sola línea.
Su mente repasaba la noche anterior en bucle:
La bofetada de Emilia.
Su voz temblorosa.
Su ira celosa.
La mirada de dolor que ella intentaba ocultar.
Llamaron a la puerta.
"Pase", murmuró.
Una de las criadas entró nerviosa, retorciéndose las manos.
"Señor... estamos... estamos preocupadas por la señ