Valeria se quedó donde estaba, pero el silencio en la habitación se hizo más denso, estirándose, oprimiendo sus pensamientos. El vino ya no era para el placer. Era combustible. Se sirvió otra copa y no se molestó en sentarse bien, simplemente se recostó y miró al techo.
"Ahora se cree intocable", dijo Valeria sin dirigirse a nadie. "Expuesta al mundo, adorada, temida. A Emilia siempre le encantó ser el centro de atención".
Se rió, pero no había humor en ello.
"El poder vuelve a la gente descuid