Valeria se inclinó, bajando la voz como si compartiera una confidencia íntima. "No lo sé con certeza", dijo lenta y metódicamente. "Pero hablaste fuerte. No parabas de decir su nombre. En esta casa se oye, Mateo. Las paredes tienen oídos. El personal tiene teléfonos. Si ella no te oyó, alguien más sí. No seas ingenuo".
Mateo tragó saliva y le temblaron los dedos al marcar el nombre de Elena para llamar. El teléfono sonó una, dos veces, y luego saltó el buzón de voz. Escuchó el pitido con el cor