La lluvia no cesaba. Golpeaba contra la fachada de piedra de la mansión Davenport con la insistencia de un secreto que se niega a permanecer enterrado, convirtiendo los jardines en un paisaje de sombras líquidas y barro.
Brendan no había regresado al comedor. No podía. El aire allí dentro, cargado con el perfume de Chloe y la presencia opresiva de su padre, se había vuelto irrespirable.
Se había refugiado en el ala oeste, en la soledad de su antigua habitación, el único lugar de esa casa que Th