El salón principal de la mansión Davenport se había transformado en una prisión de encaje y seda.
Los muebles antiguos habían sido apartados para dar paso a espejos de cuerpo entero, pedestales y un ejército de asistentes que revoloteaban alrededor de Chloe como cuervos blancos.
Ella estaba sobre una plataforma circular, los brazos ligeramente extendidos, mientras una diseñadora francesa ajustaba con alfileres el corpiño de una creación que costaba más que la vida entera de la mayoría de las p