El camino hacia la empresa fué en un silencio absoluto, pero tan cargado por las palabras no dichas que parecía necesitar solo del filo de una aguja para estallar.
Brendan tenía sus manos aferradas al volante con tanta fuerza que los nudillos se le marcaban blancos bajo la piel. Chloe iba en el asiento del copiloto, una posición que se sentía íntima y, al mismo tiempo, separada por un abismo inmenso.
Chloe miraba por la ventanilla, viendo pasar la ciudad como un borrón gris. Cada vez que el coc