Chloe no pudo reaccionar de inmediato. Las palabras de Brendan la atravesaron como un cuchillo, dejándola sin aire. La pared fría en su espalda contrastaba con el calor de su cuerpo, acelerado por la adrenalina.
—¿Qué dijiste? —preguntó al fin, con un hilo de voz, intentando mantener el control. No daba crédito a lo que escuchaba, ¿cómo se atrevía a reclamarle?
—No me hagas repetirlo —respondió él, su voz grave, contenida, cargada de algo que parecía más dolor que enojo—. Dímelo, Chloe. ¿Te aco