90. Se la llevaron
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Medea mientras elegía con cuidado prendas que disimularan las marcas rojizas en su cuello, huellas que su esposo le había dejado la noche anterior. Al final optó por un vestido blanco, de cuello alto y sin mangas, que dejaba sus brazos al descubierto y realzaba su silueta con elegancia.
Salió de la habitación para reunirse con él en la mesa. Kaien ya estaba desayunando, concentrado en su teléfono, algo poco habitual en él, pues detestaba la presen