8. Pelea de amantes
Elian llegó a la mansión hecho una furia. Acababa de regresar de visitar a su esposa y la rabia le hervía bajo la piel. Saphira venía con él, aunque durante todo el trayecto no le dirigió ni una sola palabra, ni siquiera una mirada.
—Elian, espera —lo alcanzó apenas cruzaron la entrada—. Hablemos, ¿quieres? ¿Qué fue lo que pasó?
Él no respondió. Subió las escaleras a zancadas hasta llegar a su despacho. Apenas cruzó la puerta, golpeó el escritorio con tal fuerza que los papeles temblaron, y lue