56. Cinismo, sentencias y celos.
—¿Tú... puedes ver? —preguntó Elian, incrédulo—. ¿Recuperaste la vista, Medea?
—Así es —respondió ella con orgullo—. Te dije que las citas con el oftalmólogo traerían buenos resultados, pero nunca confiaste en mi progreso.
—No, no... —murmuró Romina, consternada—. Esto debe ser una maldita broma.
—¿A qué vienen ustedes dos? ¿A arruinar nuestra noche? —los enfrentó Leticia, intentando mantenerse digna—. Llévate a esta mujer de aquí, Kaien. Esta es la boda de mi hijo y no permitiré que la echen a