37. Traidores expuestos
—¿Estás segura, hija? —insistió Chester, preocupado—. No quiero que te expongas así y termines afectada.
—Estoy segura, papá. No te preocupes. ¿Ya está todo listo?
—Sí, lo está. Te esperan afuera.
—Salgo en un momento.
Chester la miró con duda antes de retirarse de la habitación. Medea permanecía sentada frente a su tocador, con el rostro ligeramente inclinado hacia el espejo. No podía ver su reflejo con claridad—apenas una silueta difusa y sombría—pero bastó para que una sonrisa se dibujara en