26. Firma de divorcio
Medea acariciaba la invitación entre sus dedos con el ceño fruncido. Los nombres de ella y su esposo estaban enmarcados con elegancia sobre el papel, tal como Rogelio le había dicho al entregársela. Debían asistir juntos.
—Cariño —la voz de su esposo sonó desde la puerta, mientras asomaba la cabeza con cautela—. Hablemos, por favor. Ya han pasado varios días.
—Pasa —respondió ella con la vista perdida en un punto indefinido—. Después de todo, tenemos un evento al que debemos asistir juntos.
—Sí