13. Sospechas
—¡Medea! —La voz de Saphira retumbó por toda la habitación cuando irrumpió sin permiso—. ¿¡Por qué hiciste eso!?
Medea, que descansaba en la cama, se sobresaltó por el escándalo. Se incorporó lentamente, con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa? —espetó—. ¿Cómo te atreves a entrar así? ¿Quién te crees que eres?
—¡Soy tu mejor amiga, y aun así me tratas de esta forma! —estalló, roja de rabia—. ¿Es cierto lo que dijo Rogelio? ¿Ya no seré tu representante en los eventos?
—¿Has perdido la cabeza? —Rogel