—¡Eso es falso! —gritó Felicia, con la voz quebrada, como si aquel grito desesperado pudiera borrar lo evidente.
Paula rio con amargura, una risa fría, desgarradora, que heló el ambiente.
—¿El video también es falso? —replicó con ironía, alzando el teléfono para que todos volvieran a escuchar esas palabras malditas—. Vamos, Felicia, no mientas. Sabes que es verdad.
El silencio se apoderó del despacho, un silencio tan pesado que parecía hundir el aire.
Paula desvió la mirada hacia su padre. Fran