Adanna
Antes de salir a hacer cualquier cosa, necesitaba darme un baño largo, así que le pedí a Reen que me dejara sola.
Bajo la ducha, con el agua mojándome de la cabeza a los pies, mis lágrimas se mezclaban con ella y mis sollozos dejaban eco en el baño.
—¿Por qué? —susurré entre llanto—. ¿Por qué tú?
Golpeé la pared. No podía aceptarlo. En mí todavía ardía el fuego de mi amor por él y mi loba aún lo buscaba.
Necesitaba encontrar a Iker.
—Tú no estás muerto, ¿verdad? Tú no me harás esto, Iker