Adanna
El habla no me salía. Mi mente se quedó en blanco y mi cuerpo estaba rígido. Mis ojos se clavaron en ella, en su sonrisa triunfal, en su confianza y en la mano que llevó a su vientre de forma instintiva.
No podía creerlo.
—¿Acaso es un nuevo truco? —proferí con voz temblorosa—. No… no voy a dejar que me manipules. Estás loca. No estás embarazada, ¿cierto? Lo único que quieres es librarte de tu castigo, pero no sucederá. Vas a pagar por tus crímenes, Isa.
Ella soltó una risa amarga y los