Adanna
Movía las manos y los pies, y miraba el reloj a cada momento. Ya estaba lista, pero todavía no había anochecido.
La ansiedad iba a acabar con mi cordura.
Quería hablar con esa mujer ya. Hacerle todas las preguntas que me torturaban desde hacía dos meses.
—¿Vas a salir? —me interceptó Drik en el camino.
El sol apenas se estaba poniendo.
—Sí, voy a dar una vuelta.
—¿A dónde? ¿A esta hora?
—Necesito ir a refrescarme —respondí.
Por dentro, rogaba que no se ofreciera a acompañarme. No sabía q