Adanna
Los días transcurrían sin que yo los notara. Había estado sumida en mi dolor, en la humillación por la que me hizo pasar Iker y en el odio que iba creciendo cada día más, pero también en una debilidad física que no entendía… o quizá sí.
Se debía a lo que fuera que tuviera, y ya no podía averiguarlo con la curandera, pues no podía volver a la manada. No ahora. No tan débil. No sin una estrategia de batalla. No si no estaba lista para recuperar lo que era mío.
—Debes comer algo —me insisti