Conan y Jena se acercaron al centro del lugar debajo de un enorme árbol frondoso, bajaban sobre ellos cascadas de flores blancas en forma de pequeñas campanas, brillantes con pistilos de color amarillo, y una fragancia como ninguna otra, Jena nunca habia tenido el gusto de percibir algo tan fresco y dulce, penetrante pero al mismo tiempo suave y amargo.
Se sentaron frente a frente sobre sus rodillas. Conan no sonreía, este instante no era grató, su mente distorsionaba el presente con imágenes