Cargad d un odio infinito se echó para adelante, con las únicas fuerzas que poseía le arrebataría las palabras de la boca. El odio hacia Conan no tenía limites, su corazón era una piedra y solo se manejaba por la razón y la codicia.
Conan espero el golpe, suspiro observando como el débil cuerpo de Camila se acercaba a todo galope, jamás imagino que las cosas llegaran hasta este punto, en realidad no estaba seguro de cuál sería su propia reacción.
Elevo la vista, Edmundo decidió con un salto en