La habitación se movía de un lado al otro, Jena no puso mantenerse en pie y cayó al suelo por el movimiento brusco.
El doctor Adam camino despacio, Jena vio los zapatos bien lustrados y un pulcro pantalón verde oscuro, usaba una bata de médico y sus manos cubiertas con guantes de látex rodearon sus brazos y llevaron a la cama con tanta facilidad, su cuerpo era ligero y endeble como una muleca de trapo.
—Adam, ¿qué hago aquí?
—¿Cómo que, que haces aquí? te rescate de esas bestias salvajes, al fi