Su rostro se envejeció su vida corrido frente a él en un solo segundo, se veía como un hombre mayor de cincuenta años, los músculos de su brazos y de su pecho habían disminuido, y su cabello negro mostraba unas pinceladas de manchones blancos.
—¿Qué es lo que está pasando? —pregunto Edmundo, desesperado rabioso, moviéndose de un lado al otro, sentia la ausencia de su fuerza, la mortalidad y la fragilidad de un simple ser humano estaba corriendo por sus venas. —¿Qué hiciste mal?
Camila no movía