Eloísa no podía negar que, aunque se sintiera incómoda con la situación, era la oportunidad perfecta que estaba buscando para tener tiempo a solas con el profesor y sacarse de la cabeza todas esas dudas que le revoloteaban en la cabeza, así que abrió la puerta de la casa despacio esperando no encontrarse con su padre y rogando porque Ezequiel tampoco anduviera por ahí, entró seguida de Gael que lanzó un silbido apenas vio la sala principal.
—Qué mansión —dijo y Eloísa ladeó la cabeza.
—El abuel