La boca de Harrison seguía conectada a la de Eloísa devorándola, y únicamente cuando ella escuchó a un niño llorar a lo lejos recordó que estaban en un área pública y se alejó del hombre empujándolo por los hombros. Cuando levantó la mirada vio las mejillas enrojecidas de él y los ojos abiertos en busca de una explicación por el repentino corte.
—Esto no está bien —le dijo ella y se abrazó a sí misma mirando alrededor, un par de personas los miraban con curiosidad.
—Pues se siente muy bien para