Una semana, sólo eso...
Sebastián dejó el teléfono encima de la mesa de noche. Terminó de secarse y ponerse la pijama. Luego se acostó.
Los pensamientos llegaron a su cabeza uno detrás del otro sin que pudiera detenerlos.
Se había infiltrado en la mansión haciéndose pasar por un simple jardinero y así investigar todo sobre Iván Belmonte, sobre sus negocios y sobre su familia.
Con mucha rapidez, había logró cautivar desde el primer día a Emma, la mujer que llevaba más tiempo trabajando en la hacienda como mucama d