Los golpes en la puerta, hicieron que Anastasia saliera de sus pensamientos. La visita de su madre aún la mantenía en suspenso.
—¿Puedo pasar? —preguntó Clara desde la puerta.
—Sí… entra.
La sirvienta ingresó sosteniendo la bandeja con su desayuno. Anastasia permanecía acostada, perdida en sus pensamientos.
—¿Cómo se siente?
Clara dejó la bandeja sobre la mesa y se acercó a ella.
—No lo sé. —murmuró—. Aún no puedo creer que esto me esté pasando.
—Entiendo como debe sentirse.
La pel