Mientras conducía rumbo a la hacienda de los Belmonte, Sebastián divisó a lo lejos la figura caminando por el borde del camino. Redujo la velocidad al distinguir que se trataba de Julián.
Detuvo el Mercedes a su lado y bajó la ventanilla
—Julián.
El muchacho apenas giró la cabeza.
—¿Qué quiere ahora?
—Sube, por favor.
Durante unos segundos dudó. Finalmente abrió la puerta y ocupó el asiento del copiloto.
—Antes de pedirte nada —comenzó Sebastián— quiero disculparme por lo sucedido.
Jul