Causalidades del destino. Lo que piensas... lo atraes
Anastasia permaneció inmóvil. Durante varios segundos fue incapaz de pronunciar una sola palabra.
Sus ojos no se apartaban del doctor Miguel Cervantes.
—¿Está… está seguro de lo que acaba de decirme? —balbuceó apenas.
El médico sostuvo su mirada y sonrió con serenidad.
—No tendría ningún sentido mentirle, señorita Belmonte.
Giró la pantalla de su ordenador hacia ella y abrió las imágenes de las resonancias magnéticas.
Luego tomó una de las placas y la colocó sobre el negatoscopio. La hab