—Señor Jacobo Duarte y su acompañante —anunció Clara.
Jacobo sonrió.
—Mucho gusto.
La rubia extendió la mano.
—Martina.
Anastasia correspondió al saludo.
—Es un placer.
—Tú debes ser Anastasia.
Ella sonrió con educación.
—He escuchado mucho sobre tu familia. Los Belmonte son muy conocidos y tú también lo eras… como jinete.
Hizo una breve pausa antes de añadir:
—Qué lástima lo que te pasó.
La sonrisa de Anastasia se desvaneció de inmediato. Su cuerpo se tensó apenas.
Jacobo decidi