Anastasia negó con la cabeza una y otra vez.
—No…
Aquella palabra fue lo único que escapó de sus labios.
Enrique sonrió con tranquilidad y se inclinó ligeramente hacia ella.
—A eso me refería cuando te pregunté si sabías por qué estaba aquí.
Ella lo miró completamente desconcertada.
—Yo no pienso casarme contigo.
La frase apenas logró escucharse entre los aplausos.
Sin embargo, Enrique no perdió la sonrisa. Colocó ambas manos sobre el respaldo de la silla de ruedas y la condujo suavemen