Anastasia esperó a que la puerta de su habitación se cerrara tras ella antes de dejar escapar la rabia que había contenido durante todo el desayuno.
Los comentarios de Gisela sobre el jardinero seguían resonando en su cabeza. No habían sido palabras casuales. Su madre jamás decía algo sin una intención detrás, y aquella sonrisa burlona mientras hablaba de los rosales le había provocado frustración.
Se llevó una mano a la frente y cerró los ojos apenas unos segundos.
—¿Le sucede algo? —preg