Con resaca despertó Donato, al abrir los ojos Bruno le brindó una taza con café y se ubicó frente a él, con cara de los mil demonios se dispuso a delegar, había ido con solo un propósito, encontrar a Fiorella.
—Señor, Salvatore tenía razón, el apartamento ya no le pertenece a tu esposa —Donato gruño—. Estoy seguro que en la empresa que manejó seguramente dejó algún rastro.
—Muy bien, iremos...
Donato se mostraba furioso, e impaciente, tenía asuntos de prioridad en Italiana, pero allí estaba en