Fiorella luego de lo que había descubierto su cabeza se llenó de dudas, al igual que preguntas, por supuesto eran interrogantes sobre lo que había sucedido con su hermana, ella se había propuesto sacar a flote la verdad.
Donato al llegar a la sala se estrelló de frente con Fiorella, quien estaba vestida y preparada para salir.
—¿A dónde pretendes ir? —preguntó Donato mientras la observaba de pies a cabeza.
—Contigo por supuesto, necesitas una esposa a tu lado, una mujer que sonría y demuestre ser la pareja ideal ante la sociedad, estoy dispuesta a brindar mi mejor espectáculo.
—No puedes ir conmigo, iré a un lugar peligroso —Fiorella apretó los labios y se encogió de hombros.
—Ya me aburrí al estar encerrada en este lugar, a menos de que quieras ir a la cama conmigo —Fiorella se acercó y con la mano acarició las mejillas de Donato intentando seducirlo.
—¡Basta!, déjate de juegos —advirtió Donato con un tono de voz firme—. Reúnete con mis padres para preparar la fiesta de bienvenida