Fiorella se lanzó sobre la cama, con el llanto trataba de desahogar su dolor, estaba furiosa con Donato y consigo misma, se sentía estúpida luego de haber sido burlada de la peor manera.
Su llanto era escandaloso, los gritos de dolor retumbaban dentro de aquella habitación, colocó las manos sobre su abdomen y dejó que el dolor la consumiera.
«Te juro Donato que me la tendrás que pagar, lo juro por nuestro hijo, tarde que temprano caerás de rodillas suplicando perdón por todo el dolor que me estás haciendo vivir», pensó ella ahogada en lágrimas.
Luego de aquella tormentosa noche Fiorella salió sosteniendo una bata sobre sus hombros, Dante salió de la habitación erguido como si nada hubiese sucedido.
—¿Qué esperas para arreglarte?, hay trabajo que hacer, recuerda que debes ocupar tu lugar a mi lado como esposa, no me obligues a utilizar la fuerza —aquel tono frío y cargado de arrogancia fue una bofetada en el rostro de Fiorella.
Fiorella bajó la cabeza, luego regresó a la habitación