Donato con autoridad estiró el brazo colocó la mano en su tierna mejilla y con el pulgar acarició suavemente hasta llegar a sus delgados labios, los cuales deseaba devorar con fuertes ansias, Fiorella soltó un leve chasquido.
Rodeó la silla dando pasos cortos sin retirar la mirada de la suya, se ubicó frente a ella abriendo las piernas a la altura de sus hombros mostrándose indestructible.
Aquella endemoniada postura masculina hacía que cualquier mujer se derritiera al instante, pero Fiorella n