Narrado por Myra
Las flores llegan antes del desayuno.
Un ramo grande, demasiado caro para un “detalle”. Rosas claras, hojas frescas, un papel con mi nombre escrito con letra perfecta.
Para Myra.
No dice más. No lo necesita. Cassian nunca necesita decirlo. Su presencia se siente aunque no esté.
Me quedo mirando el ramo como si fuera una amenaza bonita. Evelyn, sentada cerca de la ventana, lo observa en silencio. Su cara está mejor desde que Don Alaric nos dio acceso a sus hierbas, pero sigue frágil.
Aun así, el cansancio me gana.
—No lo quiero —murmuro.
Evelyn se acerca despacio.
—¿Se lo vas a devolver?
—Sí.
La administradora aparece en la puerta del comedor, revisando todo como si la casa fuera un reloj.
—El señor Cassian envió eso —dice, seca—. Y preguntó si usted lo recibió.
Trago saliva.
—Dígale… gracias —respondo, porque no tengo opción—. Pero no puedo aceptarlo.
La administradora me mira como si yo fuera una niña tonta.
—Aquí no es común rechazar a alguien como él.
—Pues hoy se