Narrado por Myra
Finn se sienta en la cama como si le hubieran dicho que no puede moverse nunca más.
Evelyn le acomoda el cabello con cuidado. Yo cierro la puerta y pongo el seguro.
—Bien —digo bajito—. Reglas del mundo humano.
Finn levanta la mirada.
—¿Hay muchas? —pregunta.
—Sí —responde Evelyn antes que yo—. Y las cumples.
Finn asiente rápido.
Yo respiro hondo.
—Uno: aquí no existe “Luna”, ni “Alfa”, ni “Beta”. A mí me dices Myra. A Bardok le dices Bardok. A Evelyn le dices Evelyn.
—¿Y a ti no te digo Luna? —pregunta, confundido.
—No —digo firme—. Nunca.
Finn baja la cabeza.
—Dos —continúo—: no haces ruidos raros. Nada de aullidos. Nada de gruñidos. Si te enojas, respiras y te calmas.
Finn abre la boca, como si fuera a protestar, pero Evelyn le toca el hombro.
—Tres —dice Evelyn—: no hablas con extraños. Nadie. Si alguien te pregunta tu nombre, me buscas a mí o a Myra.
—Y cuatro —digo—: no sales del cuarto sin permiso.
Finn traga saliva.
—Yo… solo quería encontrarte.
—Ya me encont