Narrado por Myra
La luna llena se ve desde mi ventana como una moneda fría.
Y aun así, mi cuerpo arde.
No sé en qué momento empezó. Solo sé que me despierto empapada en sudor, con la garganta seca y un dolor que me atraviesa la espalda, los brazos, las piernas. Como si me hubieran golpeado por dentro.
Me siento en la cama y me mareo. Me apoyo en la pared para no caer.
“Respira.”
Lo intento, pero la fiebre no se calma.
No quiero llamar a nadie. No quiero que Violeta, ni la administradora, ni los guardias me vean así.
Me pongo una bata encima y salgo.
Camino despacio por el pasillo, agarrándome de la pared. Llego al invernadero sin hacer ruido.
Me obligo a pensar como enfermera, no como una mujer asustada.
—Necesito bajar la temperatura… necesito calmar el cuerpo… —murmuro.
Busco hojas de luna, raíz amarga, flor suave para el dolor. Mis dedos tiemblan. Se me nubla la vista. Me agacho para cortar un tallo y el mundo da un giro.
—Myra.
La voz me llega detrás, firme.
Me volteo y veo a B