El médico llega esa misma tarde.
Evelyn está sentada en la cama, con la espalda apoyada en la pared para no cansarse. Sus manos están frías. Sus labios, pálidos.
—¿Desde cuándo está así? —pregunta el médico, mirando primero a Evelyn y luego a mí.
—Desde hace años —respondo bajito—. Ya recibía diálisis antes de… antes de llegar aquí.
La palabra “diálisis” cae pesado en el cuarto. El médico no se sorprende. Solo asiente, como si ese dato le diera el mapa completo.
La revisa sin lastimarla. Toca a