Narrado por Eryon
Miro a Selara. Sobre la cama
—Mi Alfa… —solloza—. Me dejaron… me dejaron atrapada con humanos.
No me muevo.
Cinco palabras, y aun así no siento alivio. Solo una presión en el pecho.
—Habla —ordeno.
Selara alza la cara, buscando mi compasión como antes.
—Esa humana… —escupe—. Myra. Me obligó. Me encerró. No me dejaba volver. Me humilló. Me lastimó… y se quedó con mi vida.
Su voz sube, se quiebra, vuelve a subir. Se aferra a su papel de víctima como si fuera lo único que le queda.
—Yo soy tu Luna —dice—. Yo soy tu esposa. Devuélveme mi lugar.
La palabra “esposa” me golpea, pero no como debería. Ya no es un ancla. Es un recuerdo amargo.
Me acerco un paso. Selara se ilumina, creyendo que voy a sentarme a su lado.
No lo hago.
—No —digo.
Selara parpadea, confundida.
—¿Qué?
—No vuelvas a llamarte mi Luna —repito, con voz baja—. Ese título… lo ensuciaste tú sola durante años. Porque esa humana no te obligóa tomar brebajes durante meses para no tener un hijo.
Selara se sor