Narrado por Myra
—Te amo.
Las palabras salen de mi boca como si hubieran vivido ahí desde siempre. Como si no fueran nuevas, como si no fueran un pecado.
Y lo peor… lo más aterrador… es que no suenan falsas.
Eryon no se mueve por unos segundos.
Me mira como si acabara de escuchar el idioma de los dioses. Como si la frase lo hubiera golpeado en el pecho y lo hubiera dejado sin aire.
Entonces su boca vuelve a la mía.
Y ya no hay preguntas.
Solo hambre.
Solo ese fuego que me arrastra y me hace olvidar que llevo una máscara puesta, que vivo en un cuerpo que no me pertenece, que estoy robando un lugar que no es mío.
El peso de Eryon sobre mí es una promesa. Sus manos recorren mi cintura con autoridad, como si por fin hubiera encontrado algo que siempre fue suyo. Su beso baja por mi cuello, por mi clavícula, y mi piel se enciende con cada roce.
Él gime bajo, ronco, y ese sonido me atraviesa.
Se quita la camisa con un movimiento brusco. Su torso queda expuesto: músculo, cicatrices, poder. L