Narrado por Eryon
El agua caliente cae sobre mi espalda y debería relajarme.
Debería.
Pero mi mente no se calla.
Apoyo ambas manos contra la piedra y cierro los ojos. El vapor me rodea, espeso, y aun así puedo sentirla. Su olor sigue aquí. En mi piel. En la cama. En el aire.
Anoche.
Anoche fue… distinta a todo.
No fue urgencia.
No fue solo deseo.
Fue calma.
Selara a mi lado. Silenciosa. Tibia. Vulnerable de una forma que nunca había visto en ella. No me exigió nada. No me desafió. No me miró como si yo fuera un trono que debía ocupar.
Me permitió sostenerla.
Eso… eso fue lo que me desarmó.
Apoyo la frente contra la pared de piedra.
Ha sido una de las mejores noches de mi vida.
Y aun así, cuando desperté… ella ya no estaba.
Estaba en el jardín con los niños de la manada y eso fue más que suficiente para mi. Mi Luna.
Salgo del baño, todavía con el cabello húmedo, y es entonces cuando noto que no estoy solo.
Aria está de pie junto a la ventana, mirando hacia el bosque. Su postura es rí