Narrado por Eryon
El agua caliente cae sobre mi espalda y debería relajarme.
Debería.
Pero mi mente no se calla.
Apoyo ambas manos contra la piedra y cierro los ojos. El vapor me rodea, espeso, y aun así puedo sentirla. Su olor sigue aquí. En mi piel. En la cama. En el aire.
Anoche.
Anoche fue… distinta a todo.
No fue urgencia.
No fue solo deseo.
Fue calma.
Selara a mi lado. Silenciosa. Tibia. Vulnerable de una forma que nunca había visto en ella. No me exigió nada. No me desafió. No me miró co