Narrado por Myra
El vapor aún flota en el aire cuando salgo del baño.
Mi piel está caliente, pero por dentro me siento alerta, como si algo pudiera romperse en cualquier momento. Me envuelvo la toalla alrededor del cuerpo y avanzo descalza hasta la habitación.
Brenna me espera sentada en la cama.
No sonríe como siempre.
—Tengo la ropa que me pediste —dice al fin, señalando el conjunto oscuro que dejó doblado con cuidado.
Me acerco despacio. Paso los dedos por la tela: resistente, flexible, hecha para moverse… para vivir.
—Está perfecta —respondo—. Justo lo que necesitaba.
Los vestidos de Selara siempre fueron hermosos… y asfixiantes. He aprendido a moverme entre ellos, a fingir seguridad, a parecer una Luna imponente. Pero ya no quiero fingir más de lo necesario.
Brenna me entrega la ropa que usan las betas cuando no están en combate: pantalones flexibles, una túnica corta, botas firmes.
—Esto te quedará mejor —murmura—. Te ves… diferente últimamente.
No contesto.
Me visto en silencio