Narrado por Eryon
Camino hacia la habitación de Selara. No recuerdo haber sentido esto en años: el pecho apretado, la respiración agitada, la mente revuelta como un río crecido.
La imagen no deja de repetirse:
Mi Luna, erguida frente al Consejo.
Sin temblar.
Sin retroceder.
Sin pedirme permiso.
Esa no era la Selara que conocía.
La Selara de antes habría gritado, llorado, manipulado, convertido cada mirada en un arma.
Ella no.
Ella se paró como una columna de luna y acero.
Y yo… no sé qu